Viernes noche

Tumbadorra en el sofá me doy cuenta de que son las 21h de un viernes por la noche. ¡Dios! tengo que salir, ¡no puedo quedarme en casa!

Así que, me pongo la zamarra encima del chandal de ositos y me calzo las botas de pelo calentitas y a la calle que me voy.

Ay, que se me olvida la bolsa con el papel reciclado para echar al contenedor y la lista de la compra, porque ir, voy al super, así me aireo. No se me ocurre un plan mejor.

Es súper divertido ver a la gente en la puerta de los bares fumando y tomándose «la primera» y pensar en mí misma, vestida de Mary echando la noche del viernes yendo a comprar, y por dar un paseo porque cero ganas.

De repente le veo, pero ¡si es Ragnar Lothbrok!

Ragnar, para los que no habéis visto la serie Vikings, es el protagonista que lleva un look cabeza rapada con barba súper larga, rubio por supuesto, como buen vikingo. Debe estar de moda porque ya me he topado con dos esta semana.

Se me pone sonrisa de tonta sólo de pensar en él y no se por qué, miro al cielo y veo la luna que está casi llena. La sonrisa aumenta y recuerdo las palabras de mi profesora en mi última clase de yoga «sonríe 10 segundos seguidos y tu cerebro mantendrá esa sonrisa».

La sonrisa se me alarga tanto que comienzo a reírme yo sola, cual loca por la calle. La risa cada vez es mas profunda y las lágrimas empiezan a mojar el colorete que me he puesto para celebrar mi salida de viernes noche. Llego a la puerta del supermercado de esta guisa, sin poder parar de reírme y me topo con señor trajeado de gris, parece un conserje, me mira extrañado, no sé qué pensará porque igual se cree que estoy llorando y no riendo.

En ese momento me percato de que aún llevo la bolsa gigante con papel reciclado así que me giro sobre mí misma e, igual que estaba entrando, salgo del super.

Han debido de pasar más de 10 segundos y mi cerebro se habrá puesto a otra cosa porque por fin dejo de reírme.

Una vez dentro y dispuesta a hacer la compra con el carrito y subida a las escaleras mecánicas, me fijo en un jovensasso que viene por la escalera paralela y en dirección contraria. Él ni me mira, tiene clavada su mirada en el chico que va delante mío, que por cierto también va en chandal, no se qué tiene él que no tenga yo. Es tan descarado… se le está comiendo con la mirada y el otro no despega la suya del teléfono.

Pienso en este trío que acabamos de formar, la vida misma, la cadena del no amor como le llamo yo, porque a mí me gusta uno que no me hace ni caso porque a él le gusta otro, u otra, que tampoco le hace caso porque le gusta otro, u otra, que… y así hasta el infinito.

En esta dilación estoy, mirando al infinito, cuando me fijo en que el señor del traje, el conserje que hace 5 minutos me había visto llorar de risa en la puerta del establecimiento, está con su mirada fija en mí.

Y como tengo el día tonto pues le saludo con un ¡Hola! y mi mejor sonrisa, que él rechaza con giro de cara.

Debe pensar que soy la loca del barrio. Sí señor, estoy loca, loca pero feliz porque hoy es viernes, me voy a comprar un helado y me voy a mi sofá que me quiere mucho a ver otro capítulo de vikingos.

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