Tenía que encontrármelo

Lo malo de haber tenido una historia con un policía, y que encima acabara mal, es que nunca se olvida completamente. Porque si a esto le añades que vives en el centro donde el metro cuadrado de todo, dícese: turistas, número de Burguer Kings, Zaras y compañía, panaderías C.C  (cool y caras )  viejunas que van al Corte Inglés…  y, como no, policías, en número es mucho mayor , pues se hace inevitable no pensar en él y la historia del polícia casi a diario, pero es lo que hay y a aguantarse tocan.

Y como el mundo es muy pequeño…

Estaban acabando las vacaciones de Navidad y Patsy y yo nos habíamos fugado a los extraradios del norte de Madrid a comer a un chino super pijo para evitar la marabunta de gente. Lo que no pudimos evitar al llegar a la ciudad era el atasco de coches para acceder al barrio. Hasta la policía tenía atravesado un coche para evitar circular por algunas calles. ¿Policía?

– ¡Tía, Patsy! No te lo vas a creer, que es él.

– Que es él. ¿Qué?

El policía ¡¡¡  Ese armario que tienes ahí delante, a tu izquierda, es el policía ¡¡ ¡Para, para y baja la ventanilla que le decimos algo!

– Pero Patetica ¿estás loca? ¡Que nos puede detener!

– ¿Detener de qué? Detener si difundo todos los vídeos guarros que me mandó duchándose, esos vídeos más patéticos que yo, pero si le preguntamos algo no nos puede decir nada. ¡Para, para!

Patsy , la pobre, no se porqué siempre me hace caso. Supongo que mi histeria la dejó bloqueada y sin tiempo para pensar. Así que ahí estábamos, acercándonos al armario, que para variar, mostraba una cara de autosuficiencia y mala leche que la verdad daba un poco de miedo, pero nosotras conocíamos su secreto, debajo de ese cuerpo de gimnasio enfundado en un uniforme XXL su otra pistola no funcionaba bien.

– Eh…. perdone señor agente. ¿Para ir a puerta de Toledo? – le pregunta Patsy.

El policía la mira, Patsy es muy atractiva, y su melena pelirroja, no deja indiferente, tampoco esa delantera de la que siempre se queja pero que sabe tan bien explotar.

Él la mira y se agacha para indicarle algo pero ahí entra Patética en acción.

–  Vamos a Puerta de Toledo.

¡ Ja ! Su cara al verme es todo un mapa, supongo que le cuesta ubicarme, ha llovido ya, pero los gatillazos es lo que tienen, seguro que también son difíciles de olvidar.

No se cómo, ni por qué, pero de repente nos entra la risa a las dos. Creo que Patsy ríe de lo nerviosa que está y de tener al armario a un palmo y yo, me río porque el castillo ha caído, ya no es nadie.

– La documentación del coche por favor.

Una bofetada de silencio nos cruza la cara.  Patsy me mira, lo bueno de llevar tanto tiempo juntas es que ella me entiende con el solo pestañeo.

– No nos puede hacer nada, estate tranquila.

Saca la documentación del coche, se la entrega y mister armario XXL se retira hacia el coche de policía que esta aparcado justo detrás de nosotras.

– Te dije que no era una buena idea – dice Patsy.

– Patsy,  no tiene nada contra nosotras. Sólo le hemos preguntado que nos indique como se va a Puerta de Toledo. ¿Que está ahí delante? Pues sí, pero como va a saber él que lo desconocemos.

– ¿Porque vivo ahí al lado y lo pone en mi documentación?

– Bueno y qué pasa. Con este cortar de calles ¿no le podemos preguntar que si hay o no algún problema para llegar hasta allí?

Enfrascadas estamos en ver cómo nos podemos librar y qué decir ,basándonos en nuestro conocimiento legal adquirido en las series de abogados de Netflix, para intentar salir ilesas de ésta.

De repente vemos a otro policía que se acerca rápidamente. Este es talla M, debe ser el nervio que no le dejó crecer tanto, porque en un tris pasa delante de donde nosotras estamos paradas y se dirige a XXL.

– Luis, tío. ¿Qué haces? ¿Qué haces parándome más el tráfico? ¿No ves la que hay montada?

Ya no escuchamos más pero les vemos hablar.

Talla M, se acerca, le entrega la documentación a Patsy y le dice que por favor circule.

Nos quedamos ojipláticas pero ninguna de las dos rechista y salimos de ahí a la de tres.

– Aún tengo su teléfono… ¿ le mandamos un mensaje?

– Pate, creo que ya te estás pasando. Olvídalo ya de una vez, cada uno tenemos lo nuestro.

Verdad es, y lo mío es que ahora cada vez que vea un coche de policía ya no solo me acordaré de armario XXL, también me acordaré de este día de principios de año en el que mi escudera Patsy y yo le devolvimos lo suyo a uno de estos hombres que se cruzan en mi camino y que consiguen engañarme o eso pensaban….

 

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