Sicilia déjate querer

La vasquita zen, mi amiga, siempre aparece en los momentos más interesantes, o siempre que aparece deja el poso de su frase zen y se pierde durante una temporada larga. Eso sí, la frase ahí la deja, te jodes y piensa en ello.

Esta vez me llamó porque estaba agobiada.

– Patetica… tengo dos amantes a la vez, estoy hecha un lío.

Unas tanto y otras tan poco, pero ¿no decían que los vascos eran unos cortados? ¿Tú dónde vives? El mundo al revés, deber ser cosa del calentamiento global.

El caso, que cuando le dije que me iba a Sicilia de vacaciones la vasquita zen soltó: «Patetica: déjate querer». A los italianos les gustan las curvas, seguro que te van a empezar a piropear y a alabarte por donde quiera que vayas…

Ah ¿sí? ¿Los italianos de mi edad, esto es de alrededor de cuarenta, se dedican a piropear y tontear con las turistas?

– ¿Quién te ha dicho que estamos hablando de cuarentones? Tú dejate querer

Mmmm, ¿Un jovenasso como le gustan a Patsy? Eso si que no, los tronistas para la tele.

Viejuno cool ha bajado mucho el listón de los tíos que me ponen. Antes lo tenía claro: altos, grandes, incluso gordos y nunca calvos. ¡Dios mío que me ha pasado! O se me ha borrado el chip o ahora me gustan todos.

Pero en esto tampoco soy única.

– Tia, el otro día soñé con Borja – me dijo Patsy hace poco.  No veas como me ponen los pelirrojos.

Esto que nos está pasando no es normal, el calentamiento global, ya te lo digo.

Sicilia, verano de 2017. 1ª parte.

Exterior noche. Cena en una terraza

Patsy y Patética se disponen a cenar. Hartas de pizza eligen un restaurante de gama medio-alta. Las señoras «repeinás» y el bronceado indistinto hombres/mujeres luce a su alrededor.

– Vaya sitio de viejunos – dice Patsy.

Llega el camarero. Un jovenasso de los suyos: atlético, moreno, sonrisa amplia. Y con la pequeñas cualidades que le gustan a Patetica: uñas super cortas, manos limpias, perfectas, grandes. Nariz recta, dientes blancos.

Las dos se quedan boquiabiertas, no aciertan a ponerse de acuerdo sobre qué van a beber. El joven les deja la carta y a la que se vuelve ha de notar esos pares de ojos fijos en su culo, enmarcados en unos pantalones negros que le quedan como un guante.

– ¿Pero tú has visto eso? – dice Patetica.

–  Pensé que no eran tu tipo.

– Sí, eso pensaba yo también.

– Venga Pate, te lo dejo. Total, yo tengo la regla y para uno que te gusta… Además,¿no dijimos que íbamos a ensayar la caída de pestañas? Esta es tu oportunidad aquí no nos conoce nadie.

– Dale, Patsy. Y una botella de vino, blanco. Pago yo.

El efebo vuelve y esta vez, con la tontería, Patsy deja a Patetica, que no tiene ni idea de italiano, pedir la cena.

– ¿Qué nos aconsejas? ¿Pero a tí que te gusta más?

Cada vez que el jovenasso les sirve o pasa cerca de ellas, Patetica se lo come con la mirada, le sonríe y se toca el pelo.

– Eso era, ¿no? Si me toco el pelo mientras le miro ya le estoy diciendo que me gusta, ¿verdad Patsy? Madre mía lo que me está subiendo el vino.

Llega el momento del postre. La cena está llegando al final y el camarero sigue tan formal como al principio.

– Aquí no hay nada que hacer Patsy. Si es que soy una viejuna y estoy haciendo el ridículo.

Jovenasso se acerca a tomar nota del postre. Se sitúa muy cerca de ella, esta vez le aconseja marcándole sobre el menú cual es su postre favorito. Está tan cerca que Patetica saborea perfectamente el aroma de su piel. (toma cursilada)

Cuando se retira, Patsy no para de reír pero Patética ya no es la misma. Está aterrada.

– ¿Pero que voy a hacer yo con este chico? Que no, que no.Que no.

– Pate, ¿ lo vas a tirar todo por la borda?

– Pero que borda ni que borda.¡Que no, hombre! ¡que aquí no va a pasar nada! Era sólo un juego.

El camarero les trae los postres y bajo el plato de Patetica introduce una nota con su teléfono.

– Patetica, ¿has visto qué letra tan bonita tiene tu «Mauro» ? (así se llama el chico)

– Vámonos Patsy. No quiero ni café. ¿Le pides tú la cuenta?

– ¿Pero estás tonta? De esta te vas a arrepentir.

– Me da igual, no lo soporto. Te espero en el hotel.

Patetica se larga y deja a Patsy en el restaurante.

– ¿Que ha pasado? – pregunta a Patetica cuando su amiga llega al hotel.

– Nada, le he dicho que te ha llamado tu novio por teléfono y tenías que irte. Y qué, ¿te has arrepentido ya?.Esto de dejarte querer me parece que no está hecho para ti.

¿Por qué no inventan pastillas para el miedo al amor?

 

 

 

 

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