Historia mujer blabla car

Patetica de viaje

En el capítulo anterior en Francia: Patética sin comerlo ni beberlo se lía con un joven rubio francés que se larga por la mañana.

Generalmente Mysister me lleva al aeropuerto más cercano del precioso pueblo francés donde vive, pero esa mañana al ir a comprar el pan, vimos que el coche había aparecido con la rueda pinchada. Por mí no te preocupes, yo me voy al aeropuerto en bla bla car – le digo.

Parece que tengo suerte, una tal «Delphine» dice que me deja cerca. MySister intenta que me acerque al aeropuerto, le pilla de paso me dice, pero la tía es una rancia y no acepta. No nos queda otra,así que,me voy con Delphine.

Llega 10 minutos tarde y casi morimos empapadas bajo la lluvia. Resulta que Delphine no viene sola, viene con otra chica muy francesa ella. Yo no hablo francés así que me sonríen, me dejan en el asiento trasero y pasan totalmente de mí. Vamos que si hubiese sido perro igual me hubieran prestado un poco más de atención.

De repente las veo que están con el móvil para arriba, para abajo y acaban parando en una cuneta.

¿Vamos a recoger a alguién más? – las digo en inglés.

La más francesa de las dos me mira y dice «no».

Ahá. No, qué. ¿Entonces nos hemos perdido?

Respuesta: «Yes».

Lo que me faltaba, ahora si que voy a perder el avión.

Se ponen en marcha y al rato aparecemos en un centro comercial de estos tan prolíficos que hay a las afueras de toda ciudad. Otra vez nos hemos perdido pienso, pero no, aparcan, apagan el motor y se bajan del coche.

Acierto como puedo a decirles ¿Ya hemos llegado?

– Sí.

– Pero… esto no es lo que habíais dicho. Se supone que me quedaba en el centro de la ciudad porque no me llevabais al aeropuerto…

– No, dijimos que te quedabas aquí. Nosotras tampoco conocemos esto. Au revoir.

Todo esto me lo dice la más francesa, porque la conductora ya está a un kilómetro de distancia camino a la entrada del centro comercial. Será p*ta ¡¡¡ Delphine se llamaba…. Tiburona ¡¡ la hubiese llamado yo.

 

Menos mal que una tiene mucho mundo…. y no se cómo, le pregunto a la primera persona que veo en ese gran descampado en mi pobre francés dónde hay un metro cerca… Sí, a veces el ingenio aprieta y parece que hablar francés no es tan difícil, tanto que hasta la entiendo…hmm también influyen los gestos de la señora  y la de veces que me señala con el dedo la dirección que he de tomar.

Cojo el metro. Llego a la parada del bus que me llevará al aeropuerto, espero, llueve. Cuando llega el autobús al sacar las monedas del bolsillo para pagar , se me caen al suelo. Un rubio francés se agacha, y antes de dármelas las limpia para quitarles el agua de lluvia…

Ya va el segundo francés rubio del fin de semana pienso y éste, no está tampoco nada mal.

Una chica morena, delgada aparece de la nada y  tira de su brazo, él me entrega las monedas rápidamente.

– Venga que nos vamos a quedar sin sitio (voz de pito en español)

El tipo coge la maleta de ruedas y una bolsa deportiva y sale tras de ella que va con las manos en los bolsillos.

No era el segundo rubio que me encontraba el fin de semana era la segunda Tiburona.

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