Paseando en moto

Sábado por la mañana.

Para variar me toca ir a apagar un fuego del curro así que me pongo mi chándal, ése con bolsillos de osos panda en relieve que tanto odia Patsy y que my sister dice que parece que voy en pijama.

Montar en moto en fin de semana es …. diferente. Casi no hay coches, vas más rápido, conduces por en medio del carril (esto es importante) y también es más fácil que los conductores se piquen contigo. Es verdad que a veces voy volando de un carril a otro pero es que los UBER … cuidado con ellos, si vas en moto sabes de lo que hablo.

En fin, que llegó el turno del coche que se pica conmigo hoy. Es un coche familiar con lo que pienso que será el típico padre avanzado en años que va de mal humor  en la mañana del sábado con su mujer al hiper o algo peor. Llegamos al semáforo, que es ahí donde yo cojo la delantera, me posiciono a su lado, le miro y … ¡ Es un niñato !

Se abre el semáforo, yo salgo primero y otra vez me vuelve a adelantar por la derecha a toda velocidad.  Llegamos al siguiente semáforo, me posiciono a su lado, volvemos a salir, me vuelve a adelantar y así, hasta el tercer semáforo en el que el tipo baja la ventanilla…

– Oye…

Le miro (no hay que olvidar la cara que tienes dentro un casco de moto: los mofletes que llegan casi a fusionarse con las cejas) y pienso… no me gustan los niñatos a ver con que sale este, le doy el teléfono de Patsy si le veo desesperado y luego nos echamos unas risas.

– Llevas las rodillas muy pegadas con el frontal de la moto. Como te des un golpe te las «jodes».

Me deja tan K.O que sólo soy capaz de asentir con la cabeza y mirar al frente toda digna. Con suerte el semáforo se pone en verde en nada de tiempo y vuelvo a desaparecer, esta vez para siempre porque ahí, casualidad, se separaran nuestros caminos.

 

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