Mi ligue del verano

Qué pensabais, ¿que Patetica no liga en verano?

¿Que yo no canto «El final del verano llegó y tu partirás?

Pues no, yo no canto la cancioncita, pero lo peor, que no la canto hace mucho mucho.

En fin, que ya os conté que Patsy y yo nos fuimos a Sicilia. Qué bonito ese «país», y me vais a perdonar porque eso, sí que es un país.

Bueno y no os conté las maravillosas aventuras con nuestra «frurgoneta», porque el «Volvo V40» que habíamos alquilado se convirtió en un Fiat no se qué, que en realidad era una furgoneta.

Después de varios destinos dentro de la isla, llegamos a nuestro destino final, Taormina. Nos alojamos en un B&B (atención que no he dicho «airb&b»), y a la hora del desayuno, como el hostal es muy pequeño, conocemos al dueño. Un tipo majete, joven-maduro, gordo, sudoroso y sonriente. Este no para de hablar, sabe de todo, bueno o nos lleva a su terreno, súper inteligente.

Nos mete unas lecciones de historia que hacen que a Patsy y a mí nos duelan las piernas de estar de pie intentando encontrar el momento de salir corriendo. Y a mí, particularmente, me duele la mandíbula de forzar la sonrisa, a Patsy no, a ella le sale natural.

Llega el último día, ya solo quedamos nosotras en el comedor. Él, siciliano gordito, se sienta con la camarera en nuestra mesa a charlar. La verdad que es agradable, nos responde a todas las preguntas/ curiosidades que hemos visto desde que hemos pisado Sicilia. En un momento dado y no se cómo, la conversación se queda en pares. Patsy con la camarera y yo con siciliano gordito. Me cuenta su vida con su ex, os la voy a contar resumida porque es interesante, o al menos a mí me molan estas historias:

Chico siciliano gordito con pudientes conoce a rusa, no se si por internet o cómo, se me olvidó preguntar, lo siento. La pareja pasa casi dos años de noviazgo. Se casan, y en ese momento la rusa pasa del siciliano gordito. Al mes, chico siciliano gordito presenta la separación.

Me cuenta que la tuvo que llevar a juicio y que lo pasó muy mal porque le había engañado. Sólo quería su dinero. ¿Había dicho que era muy inteligente verdad? Bueno, pues la rusa en cuestión tenía 24 años y el 37. A puntito estuve de decirle que me enseñara una foto ,pero ahí, y mira que es raro, me mordí la lengua.

Después de su historia lacrimógena, empieza el cortejo. Resulta que soy una tía súper interesante, inteligente y atractiva. Joe! lo tengo todo y yo sin enterarme!. Él está ahora buscando a alguien con quien poder tener una charla inteligente más que sólo la belleza exterior. ¿Perdona? Entre tu italiano, que yo no entiendo muy bien, y tu inglés que casi me cuesta más, no sé que he podido decir estos días para que yo, Patetica, te resulte interesante.

Cuando le digo mi edad se le ponen los ojillos como platos ¿pero a tí no te gustan las jóvenes rusas? Esto se empieza a poner feo…

Me pide mi Facebook para seguir en contacto. ¿Qué hago? ¿Le digo que no? Patsy no puede salvarme porque no se está enterando de nada.

– Claro. Sí, sí te doy mi Facebook.  Mira, esta soy yo y esta es Patsy, también le puedes añadir a ella, insisto.

Luego Patsy casi me mata por esta acción, pero es la manera más cobarde que tenía de hacer ver a siciliano gordito que no estaba, ni de coña, interesada.

Llega el momento de irnos, por fin ¡¡. Y la conversación, esta vez ya a cuatro, deriva en cine. Resulta que siciliano gordito y yo tenemos los mismos gustos. La camarera y Patsy no han oído ni hablar de las películas de las que nosotros somos súper fans.

–  Estamos hechos el uno para el otro –  cacarea él.

Ellas, ambas con amplia sonrisa, asienten al comentario de siciliano gordito y le animan. Tanto que el tipo suelta:

– ¿Quieres ser mi novia?

– No, le contesto desde lo más profundo de mi alma.

Así, un NO mayúsculo y seco seco.

Patsy me mira, y como ya nos conocemos, esa mirada dice: «Te has pasao».

Yo la miro igual diciendo: «ya te contaré».

Nos despedimos. Los besos y abrazos, esos que tanto odio, en especial con gente gorda y sudorosa, no me los quita nadie.

En cuanto nos quedamos solas, Patsy reclama su información, pues no es lista ni ná.

– Montamos las mochilas en la «furgo» y de camino te cuento. Tranquila, tenemos mucho que desmigar.

Y así fue, mas de una hora nos dio para reírnos del cortejo de siciliano gordito.

– ¿Ves Patsy? Por eso no nos sale novio, somos malas.

–  Buah, ¿quién quiere un novio?

– Yo, Patsy, yo. ¿Aún no te has enterado?

 

 

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