Lo que nunca seré o tendré

Virgencita que me quede como estoy.

Lo bueno de ir andando al trabajo, sola, y sin nada más que hacer que escuchar conversaciones ajenas es, que dan para comerte mucho la cabeza.

Un caballero, de unos cincuenta años, con una mujer algo menor con el pelo de melena corta y permanente (señora eso ya no se lleva) están enfrascados en una conversación que parece va a ser interesante. Cuando me acerco…. » sí, sí y los colores y analizar las oraciones» jajaja me parto, están hablando de los deberes que tenían «los hijos», quiero pensar que se atraen mutuamente porque no es normal que a estas horas de la mañana tengan esa cara de placer con esta conversación. «Bueno ya que estamos aquí parados podemos tomarnos un café, no?».  Uysss, esto va a acabar en infidelidad seguro.

Al rato, y a lo lejos, oigo un bozarrón, parece enfadado. Lo primero que veo son unas botas de montaña, unas piernas bien gordacas enfundadas en unos vaqueros gastados, «pues no sabe con quien está hablando, después de todas las descalificaciones e insultos que he tenido que tragarme este año, por ahí no paso» dice este señor de gafitas con mechas rubias que le quedan como a mi un traje de Channel. Creo que tiene problemas con su exmujer y el pobre amigo le debe de estar calmando al otro lado de la línea, momento en el que aprovecha para darle una calada al cigarro mañanero.

Todo esto sucede en la misma calle, es verdad que me la recorro todos los días y que es una calle del centro, sin apenas tráfico rodado y bien larga. Y al final de la misma la diviso a ella. Una rubia, con tipazo…. esta sí, esta si que tiene una vida envidiable seguro, no como yo, que voy andando a trabajar, mírala paseando a sus perritos.

Según me voy acercando me percato que el botox se le sale por las orejas. Va perfectamente maquillada y peinada de peluquería, las botas de tacón alto son perfectas para sacar a los perros a estas horas de la mañana. «Cariño, ya te dije ayer que no te pararas aquí…» ¿En serio? ¿Le hablas así a los perros? Ella sigue con su retaila, y yo feliz….

Sí, no soy como la mayoría, o al menos como la mayoría de los que me encuentro por la calle a estas horas de la mañana. Cuánto mundo escondido, cuántas historias y a mí, ¿que no me pase nada?

Feliz martes

 

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