La falda de estrellas y la braga faja

Después de tres semanas con la muleta llegó un día de esos raros en los que me apetecía vestirme un poquito, con estos trapos que tengo yo, vamos a decir … diferentes.  Casi todos los saco de casa de Patsy, es lo bueno de tener una amiga loca de la moda y que se cansa facilmente de sus trapitos aunque también tengo algunos nada desdeñables de mi vida como expat.

El caso, que me decido a ponerme una falda blanca con estrellas negras, para estrellada yo, o como hoy estoy positiva: «voy a ser la estrella».

Eso sí, hay que ponerse la braga faja para completar el atuendo. Total, nadie me va a ver.

Viejuno cool lleva estas últimas semanas muy pesado… no se qué le pasa. Creo que se está haciendo mayor y ha perdido su punch o, que hace mucho que no nos vemos. Me contacta mucho para decirme guarrerías de las suyas que, tengo que admitir, me gustan tanto.

Después de todo este desahogo a mi misma y psicoanalizarme decido, por fin, ponerme en mi sitio.

Mira viejuno, sabes que tengo el pie mal y ni siquiera me preguntas si voy mejorando.

Y su contestación estándar:

– Vaya.

¿Vaya? Vaya tela que tengo yo con este personaje…pero es que no hay otro y, viejuno cool, en el fondo me gusta.

Así que, retomando, que me voy al trabajo con mi muleta y mi falda de estrellas.

A las 14h. Mensaje de viejuno cool.

– ¿Cómo vas?

–  Nada reseñable. ¿Qué te pasa?

–  Estoy en el centro. ¿quieres que pase a buscarte al trabajo y te llevo a tu casa?

– ¿Perdonaaaaaa?

– Eso sí, te dejo en casa y me marcho. Tengo comida de trabajo.

– ¿Perdonaaaaa?

Madre mía, que viejuno cool me va a pasar a buscar y yo con la braga faja, mira que le conozco…

Patética ¡Piensa, piensa, piensa!

¿Dónde saco yo ahora unas bragas? No me da tiempo a ir a comprar unas ahí al lado, ni tiempo ni puedo salir corriendo con la muleta.

Piensa, piensa, piensa….

La bolsa del gimnasio ¡¡ Toma ¡¡

Me cambio de bragas.

Viejuno llega a buscarme, me subo al coche. Me mira, me vuelve a mirar y sonríe.

– A Lavapiés, ¿verdad?

Y se produce un silencio que ni siquiera es incómodo. No tenemos mucho que contarnos, esa no es nuestra relación. Pero en el  primer semáforo que para me suelta…

– Súbete esa falda tan bonita anda, que te vea las braguitas.

¡Lo sabía! Viejuno te tengo calado, ya eres mío.

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