En la cola de la S.Social

¿Os acordáis que me caí de la moto verdad? Pues como el seguro me dijo que no me caí yendo al trabajo (esto tiene una palabra super bonita: «in itinere»)  no me cubrió la baja y tuve que ir a poner una reclamación ante la Seguridad Social de la que pasa el tiempo y sigo sin noticias. Así es la vida de la perdedora

En fin, que llegué casi con media hora de anticipación, aún no habían abierto las puertas y aunque había poca gente me puse a la cola.

En esto que me llama Patsy, como va con el coche al trabajo le gusta ir acompañada y de vez en cuando me llama a las 8:30am para charlar, que vaya ganas que tiene de hablar la chica. En fin, que bla bla, ja ja y cuando me doy cuenta estoy rodeada de gente haciendo la cola.

Bueno, pienso, tampoco es para tanto, tengo cita previa pedida. Si a las 9 de la mañana se supone que me van a llamar, pues voy delante de todos estos.  ¿Todos estos? Uh, que chico tan mono.

En la fila colocadito está, más o menos de mi edad, (eso ya es un puntazo) alto, moreno, pelito largo, muy bien vestido, elegante pero informal. Le hecho un par de miradas pero no hay manera, soy transparente.

Se abren las puertas, y como para chula yo, decido colarme, yo tengo mi cita a las 9 de la mañana, ¿porque voy a tener que esperar la cola?

De repente oigo una voz, afeminada andaluza, que me grita por detrás:

– Oye, lista. ¡Te estás colando!

Me giro y me quedo patidifusa, no sólo por la cantidad de improperios que me suelta, si no porque es él, el chico mono. No se que me sorprende más, si su voz aflautada o la de cosas que me está diciendo.

Pero este no sabe quien soy yo, una vez que he empezado ya no hay marcha atrás, así que muy digna le digo:

– Tengo cita previa, no creo que tenga que hacer la cola.

Me giro y sigo subiendo las escaleras. Cuando paso por la puerta, veo al pobre de seguridad intentando calmar a gente.

– Por favor, si tienen cita previa vayan directamente a la máquina a sacar su número.

– Me giro y mirando al «vocecita» asiento mi cabeza. Ja, te lo dije¡

Saco mi ticket, me toca el número 4. Este número es el número de la mala suerte en China, porque suena igual que «muerte». No me importa me digo para mis adentros, estamos en España.

En seguida me llaman, y como no, me toca la mesa número 4. Toma ya, doble muerte ¡¡

Le explico a la chica que me atiende mi problema. Por las caras que pone en seguida me doy cuenta… Joe… ya me ha tocado la nueva.

A vocecita le toca justo la mesa que hay detrás de mí, la número 10. Me ha ganado pero eso él no lo sabe, es mi juego y son mis tonterías.

Mis funcionarias, porque ya son dos, la mía no sabe hacer nada y llama a la más viejuna para que le ayude, no saben lo que pasa con el ordenador. La impresora/scaner , donde se supone que fechan mi solicitud se ha comido mi reclamación.

Menos mal que una es prevenida y llevaba dos solicitudes, en este punto me pongo contenta. ¡Soy super lista ¡

– No pasa nada, dice la funcionaria entrada en años. Hacemos una fotocopia y le ponemos el sello a mano.

– No tenemos tóner en todo el edificio. Aun no han traído el pedido (esto es verídico, verídico, así funcionan en la Seguridad Social)

Miro para atrás y veo que vocecita se está levantando y saliendo.  Me mira con cara de ganador y yo le miro con cara de odio. Así no se iban a quedar  las cosas.

Eso sí, yo me quedo sentada con mi amiga la funcionaria nueva en la mesa de la muerte otros 20 minutos, sin saber muy bien si todas las chapuzas que está haciendo ,porque nada le funciona, habrán valido de algo. A día de hoy aún no tengo noticias, y ya han pasado meses.

 

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