En el metro

Verano, calor, moto estropeada…

Tenemos comida familiar en casa de «los plomez» (mis padres), que viven a unos kms de Madrid, así que lo máximo que puedo hacer es engañar a mi hermano Tomate para que vaya a recogerme a Chamartín y así evitar coger el autobús de línea, sí como los de Paco Martinez Soria.

Encima estoy como constipada porque acabo de llegar de un viaje de trabajo y he debido de coger frío en el avión. Malditos aires acondicionados.

Voy chateando con Patsy para ver el planazo del sábado.

¿Salimos a cenar? – dice Patsy.

– Estoy a dieta maja, no creo que quepa en los vaqueros, menos mal que aún se puede llevar falda.

-¿Vamos a las fiesta en casa de mi amigo supergay en el que van a ir otros miles de amigos supergays?

-… Puff, mucho gay, no? Y encima trasnochar….mmmmm no gracias.

Patsy la pobre no sabe ya que hacer conmigo. Hay días en los que nada me va bien.

Bueno, por lo menos voy acompañada en este periplo de ir hasta la casa de mis padres. En el metro no hay mucha gente a estas horas del sábado, lo de siempre, turistas y turistas con maletas …

Y entonces llega él y se sienta frente a mí. ¿Quién es este tío tan guapo?  A su lado, un niño de unos 6 años. Nada que hacer, estará casado… bueno igual le toca el niño el finde. El enano no para de moverse y de hacer preguntas. Él permanece impasible, le responde con una paciencia infinita. Es un tío grande, como a mi me gustan, lleva chanclas y los pies bien cuidados. Las gafas de sol sobre la cabeza, aún tiene pelo (esto es importante) y de mi edad. Luce un moreno discreto, unos brazos fibrosos que …. puff.

Ey Patsy, no sabes el maromo que tengo delante – le whatsapeo.

Aquí recuerdo las palabras de Fantástico (un amigo cubano que algún día os presentaré, para él la vida es sencilla y feliz): «Patetica, tienes que hacer algo, no puedes ser tan pasiva, si sale sale y si no pues a por otro»  Sí claro, algo.. ¿pero que le puedo decir? y encima con el niño.

Mi mirada pasa del teléfono al tío y del tío al teléfono.

– ¡Patsy piensa algo!

– Yo que sé tía, deja caer el teléfono a ver si te ayuda a recogerlo.

Venga, voy.

Mi teléfono rueda por el suelo pero él ni se mueve, sigue escuchando a su hijo.

Nada Patsy, ni se ha movido. No se en que estoy pensando…creo que es mi estado febril.

– Pero Pate, ¿tan bueno está? – dice Patsy.

– Que sí, que sí.

– Mira, le hago una foto.

Y entonces tenía que pasar…

Elevo el teléfono para tener buen ángulo, el padre- tío- bueno no tiene porqué darse cuenta de que le estoy haciendo una foto, y click, le doy al botón y toma flash ¡¡ en toda la cara de tipo!!

Esta vez si que consigo que me mire. Creo que está tan alucinado como yo.

Fuerzo una sonrisa, me levanto del asiento y me dirijo hacia las puertas del vagón.

Que llegue ya la siguiente estación, quiero salir de aquí….

El teléfono sigue vibrando en mi mano vip vip, vip vip, Patsy estará diciendome algo, pero estoy tan avergonzada que no quiero ni mirarlo.

Se abren las puertas y salgo toda digna como si esta fuera mi parada. Mientras espero el siguiente tren le envío la foto a Patsy.

– Sí que está bueno, sí. ¿Has conseguido contacto visual?

– Sí, sí que lo he conseguido.

– ¿Y? ¿Te ha dicho algo?

– No, he dejado pasar este tren. ¿Dónde decías que era la fiesta esta noche?

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