En el coche de papá

Con los progenitores hay un momento en el que pasas de ser hijo a ser padre.

Te piden parecer para todo, tecnología, bancos, seguros, el menú para las grandes ocasiones familiares…

Mi padre ha llegado a un punto en el que ya hasta me deja su coche. Él se sienta de copiloto y yo tomo los mandos. No me importa porque me gusta conducir, además creo que lo hago bastante bien, aunque todos pensamos que los que conducen mal son los demás.

Pues en una mañana de recados por el centro de la ciudad íbamos tan contentos, yo al volante y él hablando de sus cosas futbolísticas, cuando me percato de que tras incorporarme a una callejuela ha aparecido una moto de la nada en mi espejo retrovisor.

¡Madre mía!,  pienso, no le he debido de ver cuando me he incorporado.

Como soy muy cívica le pido perdón con un aleteo de mano y el motorista no responde, ni pita ni le veo hacer aspavientos con lo cual, no habrá sido para tanto, vendría muy lejos. Mi padre ensimismado en su charla no se da cuenta de nada y yo sigo escuchando lo bien que le hubiera ido a su equipo si en vez de a Pepito 1 hubieran sacado al campo a Pepito 2.

Llegamos a un semáforo y veo que la moto va avanzando poco a poco por mi izquierda hasta ponerse a la altura de la ventanilla.

El motorista para, me da un golpecillo a la puerta y con la mano me indica que baje el cristal.

Mi padre creo que se asusta un poco, inmediatamente deja de hablar y me mira. Yo le hago una mueca con cara de «no te preocupes que no pasa nada».

– Ten más cuidado cuando te incorpores a una calle. Y a ver si miras mejor – me dice el tipo en un tono condescendiente.

No se qué es lo que me hizo envalentonarme, si mi padre, la situación, el señor o el estrés de la ciudad pero no me contuve y ….

– No necesito a nadie que me enseñe a conducir, gracias. Ya tengo carnet. Obviamente cuando me he incorporado no te he visto, quizá no venías a los 30 km hora permitidos en esta vía. A pesar de eso te he pedido perdón con la mano y de verdad que lo siento, yo también conduzco moto y sé que estas cosas suceden continuamente pero sinceramente me sobra que vengas a darme lecciones de conducir o lo que es peor, me regañes. No eres mi padre, ya tengo uno para que me diga lo que hago bien o mal.

Miro de reojo a mi padre que está con la vista fija al frente. No sé si le da más vergüenza mi charla desproporcionada o lo que le está cayendo al pobre motero.

Como os lo estaréis preguntando el motero no era guapo, no. Si no, seguro que ahora estaría contando otra historia. Y por si no hubiera sido suficiente yo continúo con mi retaila.

– Además, vienes aquí a tocarme en la ventanilla porque soy una mujer. Seguro que si fuera un hombre, en la misma situación, no me habrías dicho nada. ¿A que no?

El pobre señor está más anonadado aún que mi padre. Sin dejar de mirarme balancea su cabeza con un gesto que interpreto como «no tienes remedio». Creo que sabe que contestarme será totalmente infructuoso, mi oratoria ha sido mortal. Así que se ajusta la visera de su casco, mira al frente y desaparece de mi vista.

Siento mi cara sulfurada despúes de tal verborrea articulada casi sin respirar.

Miro a mi padre esperando oir una frase sentenciosa que me dé la razón y que alabe lo valiente que soy.  Él, por el contrario, levanta una mano y me señala cual bebé, que el semáforo se ha puesto en verde. El niño que llevo de copiloto ha fagocitado a mi padre.

En cuanto llegue a casa llamo a Patsy y le cuento. Ella sí que sabe reconocer y alabar mis triunfos cuando los necesito.

Nota de la autora: quiero dedicar este post a otras Patsys que hay en mi vida y que tanto me animan a ser Pateticaperez, Esthercita y Pilar ¡¡¡¡ gracias por llegar hasta mí.

Total Page Visits: 794 - Today Page Visits: 1

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *