El taxista estudioso

Era sábado. Me había librado de trabajar en la Feria Anual de empresas del sector, bueno, o eso pensaba, porque a medio día me llama mi jefa pidiéndome que recoja una documentación en la oficina y se la lleve. Como voy en la moto y, la verdad, estoy en casa tirada allá que voy.

Cuando finalizo los recados, como una buena empleada que soy, cojo la moto para volver a casa y …. Está pinchada la rueda¡¡ Socorro ¡¡

No se va a quedar en unas horas perdidas del sábado, pinta que va a ser toda la tarde del sábado.

Llamo al seguro, esta vez si que me van a echar, creo que esta es mi sexta incidencia en menos de un año.  La grúa, me dicen, va a tardar un rato, (me están castigando) y me ofrecen un taxi para ir a casa, la moto la dejan en su nave y el lunes me la llevan al taller.

El taxi llega mucho antes que la grúa. Es un chico joven, no jovenaso de los que le gustan a Patsy, pero tampoco uno de mi edad, separado/divorciado perdedor, que es lo que a mí me va.

– No te preocupes. Yo te espero aquí aparcado y cuando esté todo listo te llevo a casa. Además que tengo un montón de cosas para leer – dice mostrándome un montón de folios.

Mmm, interesante…

Como no tengo nada más que hacer y empieza a hacer frío, me meto en la feria y ayudo a mis compañeros en el stand. Que le vamos a hacer, soy work-alcoholic. 

La grúa llama a la hora, resolvemos el papeleo,se llevan mi querida moto pinchada y llamo al chico-taxista.

En el camino me cuenta que está estudiando para unas oposiciones, ya se ha presentado a un examen y, como el temario es casi el mismo para otras categorías, pues se presenta a todo lo que puede.

La charla resulta agradable, yo también le cuento mi penosa vida y como a mí una oposición no me valió de nada porque acabaron echándonos a todos.

El tío es atractivo, o eso parece, desde el asiento de atrás no puedo verle muy bien. Cómo no, me cuenta que lo dejó con su novia cuando su vida se convirtió en trabajar y estudiar, ella no soportó tanto aburrimiento y que no la hiciera prácticamente caso.

Me lleva a casa de Patsy, hemos quedamos en merendar-cenar juntas en su hogar, un vinito y unas risas, no va a dar la noche del sábado para más.

Cuando llegamos, aunque me había imaginado como la madre de sus hijos,él me despide formalmente.

– Fírmame aquí el servicio y ya está.

– Que tengas mucha suerte con tus oposiciones – es lo único que acierto a decir.

Qué lástima que no sepa ligar. No se me ocurre nada para retenerlo o que vea que estoy interesada.

Son las once de la noche, Patsy y yo ya estamos acabando con la botella de vino y seguimos poniendo a caldo a todo el que se nos cruza en la conversación.

Suena el teléfono.

– ¿Hola?

¡Es el chico taxista !

– Hola, Patética. Creo que te dejaste el pañuelo en el coche. Perdona que no te haya llamado antes, acabo de terminar mi turno.

– Eeeee…. ooooo – no tengo ni idea de qué decir. Ahá, pues no me había dado cuenta.  Sí, sí, si es negro es el que llevo para la moto, es mío.

Joe, si es que soy una crack, y yo pensando que no sabía ligar. Ahora, que ésta me la apunto por si tengo que tirar de recursos para otra vez.

– Mira estoy muy cerca del centro. Si quieres te lo acerco.

– Vaaale.

Tía, esto es el destino – dice Patsy.

Nos ponemos manos a la obra, ¿qué me pongo? Se va a notar mucho si me cambio de ropa,chapa y pintura para la cara y un par de complementos. Punto final.

Me voy tan contenta a mi pseudo-cita.

Me debe de ver por el retrovisor porque cuando estoy llegando sale del coche. Es un tipo alto, tipo armario, de los que a mí me gustan.

Se acerca al maletero y saca mi pañuelo. Ya estoy casi a su lado. Extiende su brazo, sí, el brazo que no la mano, y me lo da como si, el pañuelo y yo, tuviéramos lepra.

– Muchas gracias, de verdad. Siento la molestia de haberte hecho venir hasta aquí.

– No te preocupes, ya te dije que estaba cerca. Bueno pues hasta otra.

Se da la vuelta, se mete en el coche y se va.

No tengo palabras para describir el mazazo que acabo de recibir. ¿Dónde esta el mundo de color que había imaginado?

Llamo a Patsy por teléfono.

– Anda, vuelve a casa que aún nos queda otra botella de vino.

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