El pan y la Semana Santa

Si algo bueno tiene el estar de vacaciones es que puedes desayunar pan recién hecho en casa.

Sí, sí, un buen croissant es mi top de desayuno pero si tengo tiempo no le hago ascos a un buen pan al que le froto bien con ajo, baño en aceite de oliva y corono de sal gorda.

Pero, ¿se te pueden quemar las tostadas 4 días seguidos? Sí, es absolutamente posible.

Mira que cada día me digo, hoy no, hoy bajo la potencia y tan ricas. Pero nunca es suficiente y las vuelvo a enchufar. Y se me va el santo al cielo, y de repente llega ese olor a quemado y me veo escarbando en el carbón en el que se ha convertido mi precioso pan de centeno de levadura madre esperando sacar algo que llevarme a la boca.

Menos mal que siempre nos queda la merienda. Patsy y yo hemos cogido la costumbre de salir a pasear por las tardes a lucir mascarilla. Continuamente descubrimos nuevas panaderías, últimamente demasiadas, parecd que la pandemia nos ha empanizado a todos un poco.

¿Y esta cola de gente? ¿Han abierto otra panadería para pijos aquí?

¡Pero si es la cola para entrar a la iglesia de San Judas Tadeo! – le digo a Patsy.

¿Judas? ¿pero ese no es el malo? – la pobre Patsy no fué a un buen colegio de monjas…

Mientras esperamos nuestro turno para entrar googleamos al santo y comprobamos que es el patrón de los imposibles y las causas perdidas. Nos miramos y sí, vamos a entrar. ¡Fiesta gratis!

La verdad que la espera se hace amena, hablamos de los últimos ligues de Patsy, sacamos unas fotos, nos damos unas recetas, criticamos las nuevas tendencias de moda…

Un cura por megafonía llama la atención. Implora a que por favor se guarde silencio y se mantenga la correcta separación de seguridad entre nosotros, según dice la policía está atenta y podrían cerrar la iglesia. Mientras dice todo esto no le quita el ojo a Patsy y a su escote. Nos damos por aludidas … o al menos lo intentamos. Nos va a tocar ya y aún no hemos consensuado el deseo.

– Tía, ¿qué vas a pedir? Yo creo que voy a rogar que cuando llegue a los 50 esté como estoy ahora mismo, con mis kilitos de más sí pero con esta cara lozana.

Yo le digo que no estoy segura de si prefiero pedir un novio o un trabajo mejor…

La voz del cura se vuelve a oir por megafonía, esta vez más contundente.

– Por favor, les vuelvo a rogar que no hablen en la fila, la policía nos va a cerrar la iglesia.

Las viejas que tenemos delante se vuelven, otra vez. Creo que están más entretenidas con nosotras que pensando su deseo, ese lo deben de tener claro.

A la mañana siguiente se me vuelve a quemar el pan.

Esto es una señal.

Tenía que haber pedido algo sencillo porque lo del novio no lo veo claro.

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