El fotografo creído

Tengo una diversión dominguera de tarde, con el bajón de que el lunes hay que ir a currar no tengo ganas de nada así que me abro el Tinder y me pongo a mirar fotos.

No le, no le, no le , no le… Sí le ¡¡ Bueno, al fin uno que no está mal.

Hay que decir que mis filtros son tíos de 45 a 50 años por lo que es bastante difícil encontrar algo decente.

No le, no le, no le, no le, puff NOOOO le, no le…

De vez en cuando veo algunos perfiles con unas fotos… ¿de verdad creen que de esa guisa van a conseguir algo? no tienen ninguna vergüenza, ni yo tampoco, porque me dedico a hacer pantallazos y  mandarselos a Patsy para echarnos unas risas. Luego pido perdón a Dios, o lo que sea, para que no me castigue y me deje sin novio.

Hay veces que ocurre que…

No le, no le, no le, sí le y chas ¡¡ Tinder te avisa de que él también te eligió. Estos momentos, no se por qué, me sientan fatal, hay veces que hasta deshago el hechizo rapidamente, ¡ay, que miedo!, que no que noooo.

En estas estábamos cuando, de repente, un tío de 45, con barbita desaliñada, peinadito, ojos verdes y cámara fotográfica, que le tapa media cara, resulta ser el hombre de mi vida. No me lo puedo creer ¡¡ pero si es un pivón ¡¡

Enseguida me contacta. Tiene buena labia y ¡encima es gracioso!. Uff esto no puede ser cierto.

Es fotógrafo, vive por el centro, como yo. Se autodefine bohemio, preocupado por su aspecto físico e inquieto culturalmente.

Me aprieta bastante para que quedemos a los pocos días. Como no tengo nada que perder le dejo ganar el pulso, así dejaré de hacerme ilusiones, cuanto antes se vea la realidad mejor.

Llega el día D, me lavo mi melena que siempre da buen resultado para una buena primera cita, y allá que voy.

El primer chasco me lo llevo nada mas verle. Él lo nota en mi cara.

– ¿Qué pasa? – me dice. ¿Todo bien?

– Bueno… (nunca he sabido mentir)

– ¿Bueno? – dice con cara de pocos amigos.

Nos sentamos a tomar algo en un bar cercano. Según va hablando se le va acumulando la saliva en borde del labio, parece que se le cae la baba, el olor a colonia barata que desprende no le ayuda nada, eso que él afirmaba que olía muy bien.

No para de hablar, de hablar de sí mismo claro.

La verdad es que yo paso de contarle nada de mí o de mi vida, así que se hacen varios silencios que a él le incomodan bastante, a mí, nada de nada. Intenta rellenarlos haciendo ver que se siente a gusto y fuerza a que sea yo quien le cuente algo pero, como no lo consigue, no para de removerse en el asiento (esta es mi venganza). En verdad parece un tío inteligente pero tan engreído y tan yo, yo, yo… que resulta incluso más patético.

Se acaba el vino y como tiene sed, sus «boceras» así lo indican, me dice que si quiero tomar algo más.

– No, gracias. Creo que me voy a casa.

En el camino a casa y hasta que nuestros caminos se separan, sigo sin decir nada y él sigue forzando la conversación pero ya no hay de donde rascar.

Hago que la despedida sea lo más rápida posible pero a la media hora me encuentro con un mensaje suyo:

– Me lo he pasado muy bien, eres de una belleza extraña.

¿Peeeeerdona? ¿Que lo ha pasado bien? Lo de belleza extraña lo paso por alto, ya sabemos que el tipo es bobo, y yo que soy una buenazatonta, en vez de ignorarle, me rompo la cabeza para ser lo mas aséptica posible.

– Mira, no soy muy buena con los sentimientos pero creo que no volveremos a quedar.

Ale, así sin filtro… y yo que pretendía ser aséptica.

El bobo parece que también calza de ser buenazo, porque la verdad que lo pone fácil.

– Sí, no ha habido conexión entre nosotros. Tranquila que no pretendía que volviesemos a vernos.

Uff, pues mira que bien. Ale, chao pescao.

El día siguiente a primera hora de la mañana otro mensaje:

– Muuuuuac.

– ¿Te has confundido verdad?, le digo.

Menos mal que no me ve la cara porque me da un asco terrible que el tipo, que seguro que con «boceras mañaneras», me mande un beso. Puagg.

– Yo se muy bien lo que hago – me contesta el engreído de él.

Paso a la fase 2. Ignorancia total.

Parecía que la historia había acabado para engrosar en la lista de mis resbalones amorosos pero, unos meses mas tarde, andando por la calle en uno de esos días en los que eres demasiado feliz me topo de frente con él. Cuando me doy cuenta de que él se está haciendo el ciego ya es demasiado tarde, le he saludado.

Efectivamente contesta muy seco a las preguntas de cortesía así que me voy por donde he venido con mi chute de día feliz.

A los dos días, a las 8 de la mañana, me llega un mensaje suyo:

– Ayer volví a cruzarme contigo. Jajajaja. ¿ Me persigues?

– No, creéme que no.

Eso me pasa por lista.

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