Cuando un «te llamaré» significa: «voy a desaparecer»

Nos conocíamos del empleo. Apareció un día de repente a trabajar en el departamento de al lado. Me resultaba atractivo porque me recordaba a mi súper ex, mira tu que tontería mas tonta. No había ningún peligro, él tenía novia y yo estaba en otra historia, que acabó pronto y fatal, claro.

Hablábamos mucho de viajar, de vivir en otro país, de cambiar de trabajo… Sí, era , o es, el chico tranquilo con el que se puede hablar, listo, sin alardear, y aparentemente sencillo.

Cuando yo me fui de la empresa hizo varios intentos por quedar. Luego me enteré que había dejado a su novia. No surgió, porque no surgió. Yo estaba en otras cosas, sobre todo porque me iba a vivir a miles de kilómetros.

Alguna otra vez en navidad hubo más acercamientos pero nunca consumamos, jaja me encanta esa palabra.

Este año Facebook me dijo que le felicitara por su cumpleaños. Ostras, me había olvidado por completo de este tío¡. Enseguida me habla por privado y me propone quedar.

¿Mi cara? Esa de sonrisa labios rojos maléfica.

¡Buah!. este me llama este finde seguro, pero no llamó y lo olvidé, la verdad.

Hace un par de semanas recibo una llamada, me dice que ha estado fuera todo este tiempo por su trabajo en el extranjero, y me propone quedar para un café right now.

Estaba tumbadísima en el sofá, así que, me visto.  Patetica facilona, que no se hace de rogar, se pone en marcha.

Vamos a una terraza. Conversación muy agradable. Le llama su exnovia, me cuenta su historia con ella y que son muy amigos: «aún tenemos la casa y el coche en común».

Dos vinos me he tomado en este tiempo, se me suben a la cabeza, creo que otra vez estoy hablando demasiado.

Él no me queda a la zaga, vamos, que me ha dejado atrás hace mucho, pero no se le nota nada. A mí sí, no paro de rajar, madre mía ¿cómo se puede hablar tanto?

Me dice que ha quedado con su ex para darle no sé qué. No hay problema, yo también tengo que irme. Hice un pedido de comida a medio día en un restaurante vegano cercano y se les olvidó el postre, como no.  Tengo que ir a recogerlo y a ver si ,al menos, me alegro la cena.

Nos despedimos.

– Me ha encantado volver a verte, de verdad – dice. Sigues igual.

Me emplaza a quedar para el siguiente sábado.

– Ya te llamaré que no sé cuando vuelvo de viaje.

No sé a qué sábado de qué año se refería, aún sigo esperando.

*Antonio, ya no estás aquí para compartir las historias de Patetica. Te hubiese encantado este personaje. Este relato te lo dedico especialmente, la de horas que habremos compartido hablando de este chico… Nunca te olvidaré amigo.

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