Abriendo fronteras

Mi amiga, la vasquita zen, lleva años dándome el mismo consejo: deja las fotos de Tinder y sal a la calle. Tienes que practicar la caída de pestañas a pelo, lo que viene a ser ligar a lo retro, como antes.

Sí, eso es muy fácil de decir pero ¿dónde voy a encontrar a alguien que me merezca?

Su respuesta también es siempre la misma, busca una cafetería cool, alguna que te siente bien y frecuéntala. Llévate algo de lectura y pasa tiempo allí, verás que se presentan oportunidades de gente atraída por lo mismo que tú.

Arrastré a Patsy a una zona céntrica libre de jóvenes y botellones y encontramos una taberna monísima. “Hay vermut de grifo”, bajo el cartel una mesita de madera con dos taburetes a juego.

– Patsy, ¡esta es la nuestra!

Entro en el bar a pedir.

El camarero me recibe con una sonrisa mientras pasea la balleta por la barra.

Así, ¿tan fácil voy a practicar la caída libre de pestañas?

Le pido un vermut para mí y una cerveza de las pijas para Patsy. Me dice que de esa marca específica no tiene pero que hay otra muy parecida.

Con una sonrisa ,que no se si la mascarilla muestra, le contesto que no tengo ni idea de cervezas y que como no es para mí que me espere que pregunto fuera.

– ¡Patsy, tía! No veas lo bueno que está el camarero. Esto no puede ser, ¿es una señal? ¡Si acabamos de salir y la vida nunca es tan fácil!

Vuelvo a la barra pisando fuerte y le digo que su elección es perfecta para mi amiga.

Mientras él se mueve detrás de la barra le analizo todo lo que la oscuridad del bar me deja ver. Tiene el pelo muy cortito, ojos negros grandes, delgado, alto, tatuajes en los brazos.

Planta un vaso con hielo delante de mí y, mientras un hilillo de vermut se desliza en su interior y mi boca está salivando, me percato de que algo en este cuento no encaja. ¡Ay mi madre! ¡Si lleva las uñas pintadas de negro!

Recibo la bebida con una sonrisa y salgo a la calle. Patsy desvía la mirada del teléfono para posarla sobre la mía, ávida de noticias comienzo mi monólogo.

– ¡Tía, lleva las uñas pintadas de negro! El caso que no parece gay. ¿Será que esto es lo que se lleva ahora y yo estoy totalmente out? Igual solo es un moderno, ¿no pasa nada no? Creo que me estoy haciendo mayor…

El caballero de las uñas pintadas se presenta ante nosotras con un aperitivo que parece el primer plato de un menú. Le doy las gracias sin caída de pestañas.

Comiendo chorizo a dos carrillos seguimos pensando qué hay de malo en tener que compartir la laca de uñas con tu novio.

– Mmmm, que no Patsy, que no me gusta. Ya está, me desenamoré.

Es decir esto y el afortunado sale justo a tomar un descansito mientras se fuma un cigarro a nuestro lado.

Me siento tan avergonzada que ni mirarle puedo, y no tengo ni idea de por qué.

Patsy no, Patsy comienza a intercambiar miradas con él.

Cuando nos quedamos solas me pregunta:

¿En serio no te gusta? Mira que esta un rato bueno… El próximo día repetimos aquí, ¿vale?

Sí, Patsy volveremos. Le daremos seguimiento a la laca de uñas, igual se las cambia de color.

 

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